miércoles, noviembre 19, 2008

Nuestra Señora de Belén




26 de Noviembre es el dia de "La Patrona de Aragua"

Corría el año de 1709, bañaban los rayos del sol de noviembre en torrentes de luz los montes de Pipe, al norte del villorio, y al soplo continuo y halagüeño de una brisa refrigerante y embalsamada, ondulaban los ricos cañaverales del ubérrimo Valle del Aragua, donde las plantaciones de caña dulce, de añil y cerrados maizales habían sustituidos a lo tupidos bosques del siglo anterior.
El pueblo contaba entonces con solo humildes y pajizas chozas, regadas sin orden ni armonía en torno de la iglesia parroquial, cónsona esta, por la humildad de su aspecto interior, con la pobreza e indigencia de los vecinos. Su chata torre, cual dedo extendido, señalaba el cielo, recordando a todos su eterno destino; y el agudo tañer de su campana llamaba a los niños de ambos sexos a la doctrina que con celo y amor, les explicaba el Rvdo. Padre Fray Nicolás de la Torre. Era, en este venturoso año cacique de la comunidad indígena de San Mateo, Don Mateo de Oroguaypuro, u Oroguaypur, quien gozaba de gran prestigio entre sus coterráneos.
Distante una cuadra de la iglesia estaba situada la choza del indio Tomás José Purino, hombre sencillo y temeroso de Dios, de conducta recta y fama intachable, siendo notoria su pureza de costumbres y verdadera religiosidad; gozaba entre los suyos del aprecio a que siempre se hace acreedora la virtud con tal razón veíase investido con el cargo de fiscal de la Doctrina. Estaba unido en legítimo matrimonio con Inés Heredia, también india de vida arreglada, que compartía con él los mismos sentimientos y deseos.
En la mañana del 26 de Noviembre del ya citado año, salió Tomás José Purino al patio interior de su casa y diese a la faena de ajar un tronco de un árbol para el uso particular de su hogar. Apenas había iniciado su trabajo, cuando dirigiendo la vista a un punto del suelo, inmediato a él, observó con rara extrañeza una curiosa novedad: a medida que golpeaba el palo con el hacha, el suelo se movía, y se levantaba ligeramente la tierra. Con viva curiosidad observaba Purino este inesperado fenómeno, que su mujer atribuyó en un principio al vigor y fuerza con que golpeaba el madero, pero, prosiguiendo el indio su ruda faena, creció de pronto su extrañeza al observar que la tierra, levantándose hasta formar una pequeña prominencia, se iba abriendo dejando en su centro una como raja u hoyo. No conteniendo su emoción exclamó a grandes voces: "¡Inés, Inés, ven, corre!".
No sabiendo el motivo de esta alarmante llamada, acude presurosa la india y ambos esposos vieron como por la raja del centro de la prominencia de la tierra, que lentamente se había formado, salía, hasta quedarse parada encima, una diminuta imagen del tamaño de una moneda de un vellón (aproximadamente el tamaño de una moneda actual de 500,00 Bs.).
Indescriptible fue la emoción de Purino y de su mujer cuando, acercándose más, advirtieron que la imagen aparecida representaba a la Virgen y al parecer de plata con una media luna y a la derecha al Niño, posado sobre sus rodillas (Sin nubes, ni querubines). A una orden de su marido, trae Inés un pañito con el cual el indio, doblada la rodilla, coge la sagrada imagen y la coloca en un altar de su casa, en medio de luces y flores con que la adornaron los afortunados moradores de esta bendita mansión.
Divulgóse este prodigio por todo el pueblo, y la choza del indio se llenó de gente que acudía a contemplar a esta imagen y a oír el prodigioso relato de su providencial hallazgo. Quiso entonces el fervoroso Purino ofrecer a la Madre de Dios el espiritual obsequio del Smo. Rosario, que rezó en compañía de su madre María Micaela, de su mujer y de los muchos indios y demás gentes del pueblo que entonces llenaban su casa.
Permaneció la Imagen como trece o quince días en la casa del Indio, hasta que vencido por las repetidas veces que el Rvdo. Padre Fray Nicolás de la Torre, de la Orden de San Francisco de Asís, actual Cura del pueblo, le manifestaba que era necesario trasladar la Imagen al templo, hubo de convenir, pero en la condición de que había de ser suyo el altar y cuido del aseo y culto de la Señora, lo que se verifico y cumplió hasta su muerte.
La Traslación de la Imagen a la Iglesia Parroquial se hizo con la asistencia de todos los vecinos y se formo por los indios y españoles una marcha desde la casa de Purino hasta el Templo; llevándose a la Virgen con gran solemnidad, con cajas, chirimias, repiques y demostraciones de regocijo, hasta colocarla en el altar de la Pura y Limpia Concepción, en un tabernáculo con sus cortinas y bajo de llaves. Al día siguiente al que fue puesta la Imagen en la Iglesia Parroquial, al ir a cantar la Misa el Rvdo. Fray Nicolás de la Torre, al correr la cortina el bonacillo, se hallo y advirtió por todos los circunstantes allí congregados, el estar dorada la Santa Virgen por si misma; por lo que se repicaron las campanas y acudió mucha gente a ver aquella maravilla; siendo de menor atención el haberse manifestado las nubes y querubines, saliendo unas y otros de sobre la media luna; creciendo la milagrosa Imagen, a medida que va pasando el tiempo teniendo distintas cajas o relicarios, como lo dicen los testigos juramentados; pues según declaración de los testigos, el tamaño de la Imagen y su altura era como dedo y medio, a sus pies la media luna; y luego, en la Iglesia ha crecido como dos tercios mas.
Los Milagros de la Virgen de Belén son ya innumerables; los testigos juramentados narran diversos. Aseguran los testigos de la aparición de la Imagen de la Virgen; que "con la noticia y experiencias de los milagros concurrían muchas personas de todas partes a ver a Nuestra Señora; y para satisfacer su devoción.

Simón Bolívar y la virgen de Belén

Por los años de 1812, cuando la iglesia del pueblo se convirtió en ruinas por el espantoso terremoto, la santisima, medalla que representaba la imagen de Nuestra Señora de Belén, fue trasladada a la Hacienda Cantarrana, propiedad de Simón Bolívar, allí iba a mantener su altar provisional, resguardarla y venerarla. El 25 de marzo de 1814, Bolívar implora sobre los suyos, la protección de la Madre de Dios, bajo la advocación de Nuestra Señora de Belén, donde Ricaurte sacrificó su vida incendiando el arsenal de pólvora para que no cayera en las manos de los Realistas.
Otro Milagro aribuido a la excelsa Madre de Dios, la virgen de Belén, fue en el año 1918, cuando el pueblo de San Mateo fue azotado por una epidemia de gripe española, llegada a nuestro país por el puerto de la guaira, donde fue nombrado el Pbro. Luís Rafael Romero Sánchez, a través de un comunicado del presidente de Venezuela, Gral. Juan Vicente Gómez, como presidente de la junta de socorro municipal; fue entonces cuando la figura de Romero Sánchez se acresentara sobre el dolor de aquella gente e implora la protección de la virgen.

Coronación:

Arquidiocesana de la Virgen de Belén
Atendiendo a la solicitud del Pbro. Luis Rafael Romero, cura de San Mateo, y de otros párrocos y fieles de las comarcas del valle de Aragua, el Ilustrísimo Señor Arzobispo de Caracas, con fecha; 10 de noviembre de 1927, decretó la Coronación Arquidiocesana de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Belén.
Con el fin de preparar el grandioso acto de esta coronación, que fue fijada para el 25 de noviembre de 1928, se organizaron Juntas de damas y caballeros, los cuales con lujo de gala y buen gusto, prepararon los espléndidos festejos de los días 24, 25, 26, 27 y 28 de noviembre de 1928, días de gloria para San Mateo, en que la simpática población aragüeña vio congregarse en torno de su histórico templo a Venezuela toda. El representante del Papa, el episcopado y el primer magistrado de la República, el rico y el labriego, el artesano y el hombre de letras, todos a una se dieron cita a los pies de María para glorificar a la Madre meliflua de Cristo.
Ante una selecta y piadosa concurrencia de unas quince mil personas, y asistido por los Ilustrísimos señores Felipe Rincón González, Arzobispo de Caracas, Salvador Montes de Oca, Obispo de Valencia, Arturo Celestino Álvarez, de Calabozo, y Monseñor de Sanctis, Auditor de la Nunciatura, el Excelentísimo Señor Nuncio Apostólico en Venezuela, Ilustrísimo Sr. Fernando Cento, bendijo solemnemente la corona con la cual ciñó la venerada imagen, a los vibrantes acordes del Himno Nacional, que siguieron a los delirantes vítores de un pueblo entusiasmado, los atronadores acentos de disparos y cohetes y los prolongados repiqueteos de las campanas. Los bellos versos del himno de la coronación, cuya letra es de la inspirada lírica del poeta Fray Ángel Sáenz, y la música, del aventajado compositor Pedro A. Pino, terminaron el acto, con la suavidad de su ritmo y armonía.
Cuantos presenciaron las fiestas de la coronación guardan de ellas imperecedero recuerdo y es de esperar que el movimiento mariano que despertaron irá siempre en aumento, ya que con gusto sabemos que son muchos los fieles que visitan ahora la simpática Reina de los Valles del Aragua.

Canónica de la Virgen de Belén
Era entonces Obispo de Maracay, diócesis a la cual pertenece San Mateo, el Excmo. y Rvdmo. Sr. José Alí Lebrún, quien dio curso a la solicitud del Padre Gil y solicitó de la Santa Sede el favor de la Canónica Coronación. Su Santidad Juan XXIII, con fecha 13 de junio de 1962, dio el Breve concediendo la Canónica Coronación de la Virgen de Belén.
Obtenido este singular beneficio y distinción, los tres años y seis meses y pico que separaban la anterior fecha con la del 31 de enero de 1965, día de la coronación, fueron dedicados a los preparativos tanto lejanos como próximos, para el éxito de tan insólito como extraordinario acontecimiento.
Como poco después Monseñor José Alí Lebrún fuese promovido al Obispado de Valencia, la Santa Sede nombró para sustituirlo a Monseñor Feliciano González, quien se interesó vivamente en los preparativos de la Coronación.
Se acordó que un equipo de 25 misioneros darían unas misiones en todas las parroquias de la diócesis de Maracay, y se convino que al final de cada una la Virgen de Belén visitaría cada parroquia. Estas misiones y visitas de la Virgen Peregrina fueron en todas partes motivo de extraordinaria renovación espiritual y de grandes concentraciones de fieles.
El domingo 31 de enero de 1965 fue el día señalado para el acto solemne de la Coronación en el estadio Fermín Landaeta, donde se dieron cita una inmensa multitud de fieles, calculada en 30.000 personas, con asistencia de 13 prelados, presididos por el Eminentísimo Cardenal José Humberto Quintero, Arzobispo de Caracas y Monseñor Luis Dadaglio, Nuncio Apostólico de Su Santidad, y la presencia del Doctor Escovar Salom, Ministro de Justicia y delegado especial del Dr. Raúl Leoni, Presidente de la República.
Innumerables personalidades estatales y religiosas realzaban este grandioso acontecimiento. La coronación de la Milagrosa Imagen de la Virgen de Belén, por la tarde del ya citado día, fue un suceso que sobrepasó las previsiones que habían predicho y que sería largo describir en todos sus detalles.
Dio principio al acto el señor Nuncio con la lectura de un mensaje de Su Santidad Pablo VI y, seguidamente, Monseñor Feliciano González leyó el Breve de Su Santidad Juan XXIII, en el cual decretó la Coronación Canónica de la Sagrada Imagen. Fue entonces cuando los altavoces anunciaron: «Su Eminencia el Cardenal José Humberto Quintero, ayudado del Excelentísimo Señor Obispo diocesano Monseñor Feliciano González, toma la Corona de oro y piedras preciosas y corona la Sagrada Imagen de la Virgen de Belén con la siguiente oración: "Como eres coronada por mis manos en la tierra, quiero que por tu poderosa intercesión todos los aquí presentes, y nuestros hermanos ausentes seamos coronados en los cielos por tu Hijo Jesucristo. Amén"
Fue entonces cuando la inmensa multitud sacó sus pañuelos y agitándolos conmovida, reventó en atronadores vivas a la Virgen de Belén, ¡Vivas al Papa!, ¡Vivas a Cristo Rey!, ¡Vivas a la Virgen de Belén, Reina de Aragua!.
Las bandas de música lanzaron al aire los acordes de los Himnos Nacional y el de la Coronación, mientras los aviones de las Fuerzas Armadas volaban en escuadrillas compactas sobre el campo de la coronación, arrojando flores y octavillas blancas y azules, en las que se leía: «Virgen de Belén, salva a Venezuela, Bendice a Venezuela, Bienaventurada te llamarán todas las generaciones. Dios te salve la llena de Gracia.»
La meliflua voz de Monseñor Lizardi cantó las glorias de aquella sin par jornada mariana y el grandilocuente discurso del Ministro de Justicia, Dr. Ramón Escovar Salom, merece ser aquí reproducido en toda su integridad: «Eminencia Reverendísima Cardenal Quintero, Excmo. Sr. Obispo de Maracay, Sres. Arzobispos y Obispos. Excmo. Sr. Nuncio, Señores representantes de las autoridades civiles, militares, legislativas y municipales aquí presentes, Sras. Sres.: «Como Ministro de Justicia, como católico y como venezolano, me siento profundamente honrado y profundamente conmovido de estar aquí, en el seno de esta vibrante comunidad cristiana de Aragua: exaltando la gloria, la protección y la inspiración de la Virgen de Belén, Patrona de los venezolanos, porque patrona de cualquier parte de esta tierra, es Patrona entera de toda la tierra de Venezuela, que es una sola unidad espiritual. He venido con mi esposa y uno de mis hijos, con un símbolo: el de las uvas y el de las espigas, como ofrecimiento, como viejo ofrecimiento de lo que ha sido a lo largo de la historia del cristianismo el símbolo de confianza en las cosas que son Obra de Dios; porque son hechuras del mundo, pero que, por eso son obras de lo divino, que es lo permanente y fundamental del destino del hombre sobre la tierra. He venido no al cumplimiento de un deber de protocolo ministerial, sino en nombre del Presidente de la República, a testimoniarles a su Excelencia el Sr. Obispo de Maracay, a las autoridades eclesiásticas, a todas las autoridades y dirigentes de esta localidad y a todo el pueblo de Aragua, que bajo la gloria de la Virgen de Belén nos congregamos cristianamente, porque la Virgen es símbolo de la unidad espiritual de la Iglesia, la Virgen Madre de la Iglesia es a la vez un símbolo de la unidad de un pueblo, del destino de un pueblo, de la fuerza de un pueblo. Con estas palabras presento mi saludo emocionado, venezolano y cristiano a la Virgen de Belén, en esta tarde gloriosa de Aragua, recuerdo de viejas glorias de la historia de Venezuela.

El 26 de noviembre de 2004 fue nombrada por el Gobernador Didalco Bolívar, como cuarto símbolo del Estado Aragua.

El 26 de noviembre del 2007 Msñr. Reinaldo del Prette dio inicio al Trienio Jubilar en el Estado Aragua ante las proximidad de celebrarse los 300 años de la Aparición de la Virgen María bajo la advocación de “Nuestra señora de Belén” en tierras Aragüeñas. Este Trienio será hasta el año 2009, con motivo a estas celebraciones se realizaron actividades como: Agentes Multiplicadores y Propagadores de Nuestra Señora de Belén en todo el estado para que cada Aragüeño conociera a su patrona; Cursos Bíblicos elementales para que también fuesen dados a toda la feligresía de Aragua; La Entronización de la imagen de Nuestra Señora de Belén en todas las iglesia del Estado Aragua; y la Legión de María también aprovecho y realizo una peregrinación hacia el santuario en San Mateo, así entre otras actividades. Por eso con júbilo Los Aragüeños esperamos con ansias celebrar los 300 años de la Manifestación de la virgen María en nuestras tierras.







Forma como aparecio la Virgen de Belén





1709-2009
300 años acompañando al pueblo Aragüeño.

(fuente de información de publicaciones sobre su historia)